El curioso caso de los Códigos QR

ImagenEn los últimos meses son muchos los posts que han publicado información acerca de lo decepcionante de los códigos QR.

Como toda tendencia, comenzó a hablarse rápidamente de la revolución que iban a suponer, y como muchas veces ocurre, las expectativas no se han visto cumplidas.

¿Son los códigos QR una herramienta útil realmente? ¿O todas las posibilidades que ofrecían han sido más bien fruto de las buenas intenciones de unos pocos?. Nosotros realmente creemos en el potencial de esta herramienta, que radica precisamente en la ventaja comparativa de este formato: la capacidad de almacenar todo tipo de información en un espacio muy reducido. Esto hace que sea prácticamente compatible con cualquier soporte, ya sea cualquier tipo de publicidad o packaging que se nos pueda ocurrir.

El hecho de que puedan leerse a través del dispositivo móvil (el único medio al que estamos expuestos las 24 horas del día), hace que esa accesibilidad y esa ubicuidad propios del código QR se vean reforzados, haciendo un tandem perfecto.

¿Cuál ha sido el problema entonces? ¿Qué ha fallado? Pues sencillamente que nadie ha tenido en cuenta esa ventaja comparativa inherente al código QR, y no ha sabido aplicarlo bien. Es cierto que de vez en cuando vemos campañas que los emplean adecuadamente, como la última campaña de Danone “Alimentando sonrisas” (Veáse link: http://bit.ly/1eEELJF); pero generalmente el empleo de esta herramienta resulta muy forzado.

Por ejemplo, ayer tuve que acercarme al centro comercial, y entré en dos establecimientos: una perfumería y un supermercado. Bueno, pues cuando recorría los estantes para elegir el mejor producto calidad-precio, me dí cuenta de que mucha información que necesitaba para valorar el producto o decantarme por uno y otro no estaba a mi disposición. Los envases de los productos y el diseño limitan mucho la información que pueden contener. ¡Ahí es donde los códigos QR deberían de entrar en juego!.

Quiero poder coger un maquillaje concreto, y poder ver cómo se aplica, para qué piel es más adecuado, con qué producto complementario combina mejor, o trucos de experto sobre su uso. Quiero saber si veo un lápiz de ojos efecto ahumado, cómo utilizarlo antes de pasar por caja.

O mucho mejor, me gustaría poder saber una receta en la que utilizar un ingrediente que nunca compro porque no sé a qué comida le viene bien. O poder saber el origen de una naranja o verdura, o la información nutricional bien explicada, no con tablas resumidas en gramos y kcal de tamaño minúsculo; sino saber cuánto me aporta comerme dos galletas, o por ejemplo con qué otras comidas hará sobrepasar esa cantidad ingerida, la cantidad recomendada de calorías diarias a ingerir.

Y toda esta información en formato video, texto o post de un blog, puede ir contenida en un pequeño código impreso en el envase de cualquier producto. Es toda una revolución, lo que ocurre es que nadie ha sabido utilizar bien los códigos QR porque realmente se ha olvidado la ventaja comparativa que tienen con respecto a otros formatos.

Los códigos QR son como el ratón de un ordenador, un invento que inicialmente no se supo cómo utilizar, y que después se ha convertido en un imprescindible  en cualquier ordenador.

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